Odio los madrugones, el sonido de la alarma de mi móvil, levantarme cuando todos duermen, preparar el desayuno sola, arreglarme el cuarto, salir pitando porque llego tarde, coger el metro, tranvia, bus...andar perdida por las calles, que todos me miren, que nadie pregunte ¿Qué tal te ha ido el día? Odio hablar con una pared, que mis amigos no me entiendan y que tú no estés aquí.
Y.. ¿Qué es lo que no odio?
No odio los madrugones cuando mi móvil suena a causa de una pérdida o un sms, no odio acostarme cuando todos duermen. Así me ahorro preguntas y broncas. No odio desayunar sola si es buen desayuno, no odio arreglarme el cuarto si luego descubro el resultado, no odio andar perdida por las calles cuando lo hago contigo, ya no odio la parada alameda, ni facultats, ni la carrasca si a mi lado en ese rincón, nuestro rincón, estás tú. Tampoco odio que me miren cuando estoy contigo, ya que así muestro mi alegría, mi felicidad... y eso les da envidia. Desde hace más de un mes no odio que nadie me pregunte qué tal me ha ido el día porque ya lo haces tú. Porque contigo no hablo con una pared. Porque tú eres de los pocos que me entienden y porque tú estás aquí cuando todos han desaparecido.

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